Por las mañanas, mientras disfruto un tibio café con leche en casa, antes de ir al trabajo, tengo como costumbre poner el canal de las noticias de México en el televisor y enterarme de lo último que sucede en tierra Azteca. No por vivir fuera de mi patria me desintereso de lo que sucede ahí.
Cual fue mi sorpresa hace un par de días al mirar una noticia que me produce mas acidez estomacal que el mismo café que disfruto a diario. La activista de moda en los Estados Unidos, y ahora en México también, encabezaba la “Carrera Antorcha Guadalupana V Edición”.
La tan ahora famosa activista Elvira Arellano, salía de la basílica de Guadalupe en Ciudad de México con la antorcha encendida con el fuego de la esperanza. Una antorcha que irá de mano en mano de cientos de jóvenes por todo el país mexicano, parientes de los millones de indocumentados que viven en Estados Unidos. La antorcha debe permanecer encendida hasta su arribo a la catedral de San Patricio en la ciudad de New York.
Lo de la carrera, la antorcha y todo el asunto religioso y político detrás del evento no era lo relevante de la noticia, sino la aparición de la señora esa que se hizo llamar así misma “activista pro-inmigrantes”.
Ésta mujer comenzó su “carrera” de activista hace solo un par de meses cuando se vio acorralada por la deportación que debía enfrentar por parte de las autoridades estadounidenses.
Ingresó a Estados Unidos ilegalmente hace ya poco más de 10 años. Trabajó en el área de limpieza en un aeropuerto del estado de Oregón, donde fue despedida y detenida, al descubrirse después de que se implementaron medidas más severas de seguridad en los aeropuertos después del 9-11, que trabajaba con un número de seguro social falso.
En el 2002 enfrentaba una orden de deportación y dos años de libertad condicional. Lo cual establece que por ningún motivo puedes trabajar en Estados Unidos y debes abandonar el país en la fecha que se te indique. Elvira Arellano ignoró estas sentencias y en lugar de salir de Estados Unidos, se mudó a otro estado y siguió su peregrinar en busca de trabajo y por supuesto, con otro número de seguro social falso; siguió su vida que ahora compartía con su hijo Saúl.
Pero en el 2006 recibió de nuevo una orden de deportación y esta vez, con las leyes más duras contra los inmigrantes, no tendría la misma oportunidad de permanecer en Estados Unidos, así que se le ocurrió pedir asilo en una iglesia metodista en Chicago, donde residía, y permanecer refugiada ahí con su hijo y desde su nuevo cuartel, exigir al gobierno estadounidense su residencia legal en el país para quedarse al lado de su pequeño hijito de 8 años.
Alegaba que teniendo un hijo ciudadano americano, ella también debe tener el derecho de recibir la residencia legal en el país. A parte de reclamar que su hijo padece de una enfermedad y que necesita ser tratado por los médicos de aquí y no de otro país, y por lo tanto ella debería permanecer al lado de su hijo, pero no en la sombra, sino legalmente.
Estas son las exigencias de la señora Arellano que escupió al gobierno estadounidense mientras estuvo parapetada en la iglesia-santuario de donde no la podían sacar a la fuerza la patrulla de migración.
Desde ahí llamó la atención de algunos activistas pro-inmigrantes y estos con la ayuda de la prensa, la convirtieron en la nuevo mártir de los indocumentados. Comenzaron una campaña pro-ilegales que la propia Elvira encabezaba desde su encierro voluntario. Ya sea usando el teléfono, el Internet, o sus elocuentes discursos desde el púlpito del templo.
La gente empezó a acudir en masa a las reuniones que se llevaban acabo en la iglesia. Recibía llamadas, cartas, e-mail, y la prensa no había día que no diera una noticia sobre ella.
Así fue hasta el pasado 20 de agosto, en el que la nueva activista decidió dejar su “cárcel” y desafiar a las autoridades gringas, viajando de Chicago hasta la ciudad de Los Ángeles, California, para presentarse a un evento masivo de inmigrantes, dirigir una marcha nacional y conversar con algunos políticos que están a favor de una reforma migratoria.
Ahí mismo fue arrestada frente a su hijo por agentes de migración que la esposaron y metieron a una camioneta y se la llevaron presa, para posteriormente deportarla a México.
Entre lágrimas dejó a su hijo encargado con tutores, porque según dijo ella misma, su hijo quería quedarse a vivir en Estados Unidos, no en México; así que ella accedió a dejarlo, lo cual, según sus declaraciones, hacía más hondo su sufrimiento.
Toda esta parafernalia de la nueva mujer que desafió las leyes, que lucha desde México ahora por los inmigrantes, y que hará cambios definitivos en la vida de millones de indocumentados, no es más que comedia de cuarta provocada por la prensa y los activista pro-inmigrantes que siguen perdiendo su lucha frente al gobierno de Estados Unidos y que se valen de cualquier truco o situación, como la de Arellano, para continuar con sus campañas.
Una sola mujer indocumentada no cambiará un problema de años entre dos países donde intervienen una infinidad de intereses para amabas partes.
Esta mujer no es una mártir; ni una madre sufriendo por dejar a su hijo en otro país; ni una luchadora, ni nada de eso. Ella también está jugando su papel para verse beneficiada en su persona, y claro, si de paso se benefician algunos otros y queda como la mexicana que pasó a la historia…pues bueno.
Es indignante ver como la prensa sigue intentando meter por los ojos, a esa mujer como una activista. No es más que una mujer que huyó de su país por razones desconocidas y llegó a otro país e infringió sus leyes.
Porque eso hizo Elvira Arellano. Violó las leyes del país que ahora tanto reclama. Se convirtió en una criminal desde el momento en que traspasó la frontera ilegalmente y posteriormente al tener que recurrir a la falsificación de documentos para poder trabajar.
No hay nada de lucha por sus compatriotas indocumentados. Antes de verse acorralada, no había movido un dedo por lograr una reforma migratoria. Todo esto en torno a ella, no deja de ser mas que una payasada política de muchos que están en el juego.
Todos quieren la tajada del gran pastel.
Me provoca acidez estomacal seguir viendo en las noticias a esa señora que no significa nada para millones de indocumentados que a diario siguen luchando por subsistir en sus trabajos, sacando adelante a sus familias y tratando de esquivar los problemas con las autoridades, mientras la nueva activista se pasea libre en las calles de México, desayuna con el presidente, y sigue apareciendo en televisión, fingiendo lo que no es ni llegará a ser.
Que irritante que sea mexicana también como yo y que nos siga poniendo en vergüenza ante los dos países.
A ver cuanto dura el numerito. Alguien se aburrirá primero: Arellano o la prensa.
Espero acabe pronto. Hay cosas más importantes en los noticieros como para perder los espacios con casos como ese.
sábado, 13 de octubre de 2007
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