domingo, 30 de septiembre de 2007

The Ghost Identity

En nuestra vida vamos buscando siempre como encontrar respuestas a preguntas tan repetidas como: ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? ¿Porqué estamos aquí? Solo los grandes pensadores afirman haberse aproximado a la respuesta, o al menos han tratado de hacernos creer que es así. Lo que siempre me ha parecido es que se pierde tiempo valioso en la vida en andar buscando respuestas a preguntas tan banales -al menos a mí me lo parecen- en vez de dedicarnos por completo al bien vivir. Pero a veces la vida nos pone en circunstancias que no esperamos y nos llevan sin dudar a lo que comento al principio de este párrafo: ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? ¿Porqué estamos aquí?

Vivir en Estados Unidos puede ser fácil si se tienen un par de cosas: Un documento que te identifique ya sea como un residente legal o como ciudadano; y que se tenga la capacidad para dominar digamos “bien” el idioma oficial del país, es decir, el inglés. Sin ese par de cosas, vivir aquí puede ser bastante difícil y sufrido, lo cuál nos pasa a los millones de indocumentados que vivimos en el país de las barras y las estrellas.

En este país desde que naces eres un número de serie. Es el llamado “Número de Seguro Social”. Te va a identificar el resto de tu vida como ciudadano estadounidense. Primero te dan el acta de nacimiento, y enseguida te entregan tu tarjeta con tú número de seguro. A partir de eso quedas oficialmente en los archivos de la nación hasta que mueres.

En los años treintas, el sistema de seguro social (Social Security) se fundó para proveer ayuda financiera a personas incapacitadas y a mayores de edad. Se basa en el pago de cuotas por parte de empleadores y empleados y así sostener el fondo económico para prestar el servicio. Por lo tanto, cada ciudadano y residente permanente (Green Card) de Estados Unidos tienen un único número de seguro social.

Con ese numerito es que te identificas en cualquier parte. De pequeño para tener un seguro médico y que te puedan llevar tus padres al doctor. Después lo necesitas para que tus padres te inscriban en el pre-kinder, la primaria, secundaria y preparatoria, y así consecutivamente hasta los niveles más altos de educación. También requieres de tú seguro social para poder trabajar en cualquier lugar en el país, desde barrendero hasta gerente de una firma internacional. Toda tu vida está regida por el famoso Número de Seguro Social. Este documento se convirtió en uno de los documentos más importantes para los estadounidenses.

Se obtiene como dije, automáticamente al nacer aquí. Pero también hay otros medios. Uno de ellos es convirtiéndote en un residente legal del país. Eso lo puedes obtener después de que algún pariente cercano que es un ciudadano de Estados Unidos, te “pide” como familiar para que te otorguen la residencia permanente y gozar de los beneficios de pertenecer al país. Es lo que llaman obtener la Green Card, o tarjeta verde.

También se le puede otorgar un seguro social provisional a individuos con algún permiso especial para trabajar o a estudiantes extranjeros, y uno que otro caso extraordinario. Siempre queda decidido bajo la administración de dicho sistema del gobierno.

Entonces a los indocumentados que vienen en busca de trabajo, no queda más remedio que seguir infringiendo la ley. Primero al traspasar la frontera sin una visa adecuada y luego al tener que recurrir a la falsificación de documentos para con ello poder tener identidad. Una identidad tal vez robada, prestada o inventada. Es la única forma que se tiene para empezar a existir en los Estados Unidos.

The Ghost Identity, La Identidad del Fantasma, haciendo un poco alusión a la tan de moda saga del amnésico señor Bourne, es que nombro este capítulo. Una identidad que nadie ve es la verdadera; la que está detrás de una tarjeta con nombre falso. La realidad de muchos y la mía propia al tener que ocultar y convertir en un fantasma el nombre y apellido que nos dieran nuestros padres al nacer y pertenecer a una familia. Un fantasma que vive callado y escondido debajo de nuestras camas, o en el clóset, o en el ático. Un fantasma que poco a poco va perdiendo identidad en el olvido.

Todavía me pregunto que piensa mi padre por no usar más su nombre. Un nombre que me recuerda a veces a una mujer que ya casi no existe, pero que lucho día a día porque sobreviva en mi memoria y en lo que soy.

¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? ¿Porqué estamos aquí? Hay días que no tengo respuesta para ninguna de estas preguntas.

domingo, 23 de septiembre de 2007

WetBack

Tendré que comenzar por traducir el nombre de este blog. Wetback se resume a dos palabras: espalda mojada. Es así de simple la traducción, pero no así la interpretación de esas palabras. Este término se ha venido utilizando por la población descontenta y la patrulla fronteriza en forma despectiva, para referirse aquellos osados indocumentados que traspasan a nado o como pueden, la frontera estadounidense por el famoso Río Grande ó río Bravo que limita la frontera americana con la mexicana por los rumbos de Texas y New México.

Casi cualquier persona que se sepa o parezca que es ilegal, llevará etiquetado ese sobrenombre en la frente, o en la espalda según se lo acomoden. Pero el término de Wetback es casi exclusivo para los mexicanos. Curiosamente, para los estadounidenses, el 90% de las personas de color más oscuro que el de ellos, prácticamente es un indocumentado mexicano, aunque éste provenga de centroamérica, suramérica o cualquier otro país del mundo. Generalizan de tal forma que la palabra “ilegal” casi la agregan a su diccionario con la consiguiente descripción de su significado: ciudadano mexicano que traspasó la frontera de Estados Unidos ilegalmente.

No exagero, créanme. Sé lo que es vivir las peripecias de residir en la ilegalidad en este país. Sé lo que es sentir esa mirada de desdén cuando tratas de hablar con tu mejor inglés –el cual conserva un típico acento- y que te hagan repetir una y otra vez tu apellido hispano porque simplemente los gringos no lo pueden pronunciar. Can you spell it, please? Es la pregunta de rutina cada vez que uno intenta decir su nombre y apellido. Lo puedes deletrear por favor? Y bien te va si conoces por completo la pronunciación del abecedario en inglés, sino, ahí viene la vergüenza total y posteriormente el retiro del área en cuestión con la cabeza gacha y la cola entre las patas sin haber llevado acabo la solicitud de algún servicio. Y ni pensar en regresar a ese lugar!

A parte de Wetback, otros nombres se utilizan para llamarnos: Mojados, ilegales, aliens, invasores, plaga, delincuentes y brownies (cafecitos) como lo sugirió el mismo gobernador Arnold Schwarzenegger, que también es un inmigrante solo que con la suerte de tener otro color de piel y venir de un país bastante lejano de Estados Unidos, a parte de que es un héroe Hollywoodense y a salvado a su adoptivo país cientos de veces de terroristas y hasta extraterrestres, lo cual lo convirtió en un ídolo no solo en California sino en toda la unión americana. Pero no todo es tan malo con el nombre que se nos da. Las organizaciones en pro de los inmigrantes nos llaman trabajadores, gente buena que busca mejor vida, ilegales pero humanos, no criminales, amigos del país.

Abrí este blog por inquietud de desahogarme del diario vivir en un país que no es el mío. Que nadie me obligó a migrar, es cierto. Pero vivo aquí, y por ahora por diferentes motivos permaneceré en este país que me gusta por unas cosas y no me gusta por otras. Siempre he pensado que el lugar lo hace uno, y eso trato de hacer donde quiera que estoy. No me he viciado aún de las costumbres que no me pertenecen ni me he dejado llevar por la trillada frase del "sueño americano". Tengo sueños propios que carecen de nacionalidad y etiquetas.
Abrí este blog por sugerencia de un buen amigo, entrañable amigo cibernético que me invitó a participar en esta actividad tan de moda, para expresar, sacar del alma y corazón, o del cerebro si se requiere, cualquier inquietud que por ahí se geste y quiera compartir.

Tal vez nadie me lea –salvo mi amigo que quizás lo haga al principio por curiosidad y que después por su intelecto tan superior al mío, terminará leyéndome por compromiso- pero me leeré yo y con eso me basta. Será como una conversación íntima. Si alguien más participa de este pequeño proyecto, pues bienvenido sea y le agradezco de antemano su tiempo para detenerse a leer.

Dejaré impreso en este lugar episodios de mi vida en los Estados Unidos, el país de todos y de ninguno. Algunos serán anécdotas propias, otras serán los sentimientos que deja alguna noticia local, las historias de amigos y conocidos sobre sus travesías al cruzar la frontera, relatos ficticios, y de todo lo que se vaya presentando en el camino.

Así comienza WETBAKC. Un paseo con la espalda mojada y el corazón abierto.