Vivir en Estados Unidos puede ser fácil si se tienen un par de cosas: Un documento que te identifique ya sea como un residente legal o como ciudadano; y que se tenga la capacidad para dominar digamos “bien” el idioma oficial del país, es decir, el inglés. Sin ese par de cosas, vivir aquí puede ser bastante difícil y sufrido, lo cuál nos pasa a los millones de indocumentados que vivimos en el país de las barras y las estrellas.
En este país desde que naces eres un número de serie. Es el llamado “Número de Seguro Social”. Te va a identificar el resto de tu vida como ciudadano
estadounidense. Primero te dan el acta de nacimiento, y enseguida te entregan tu tarjeta con tú número de seguro. A partir de eso quedas oficialmente en los archivos de la nación hasta que mueres.En los años treintas, el sistema de seguro social (Social Security) se fundó para proveer ayuda financiera a personas incapacitadas y a mayores de edad. Se basa en el pago de cuotas por parte de empleadores y empleados y así sostener el fondo económico para prestar el servicio. Por lo tanto, cada ciudadano y residente permanente (Green Card) de Estados Unidos tienen un único número de seguro social.
Con ese numerito es que te identificas en cualquier parte. De pequeño para tener un seguro médico y que te puedan llevar tus padres al doctor. Después lo necesitas para que tus padres te inscriban en el pre-kinder, la primaria, secundaria y preparatoria, y así consecutivamente hasta los niveles más altos de educación. También requieres de tú seguro social para poder trabajar en cualquier lugar en el país, desde barrendero hasta gerente de una firma internacional. Toda tu vida está regida por el famoso Número de Seguro Social. Este documento se convirtió en uno de los documentos más importantes para los estadounidenses.
Se obtiene como dije, automáticamente al nacer aquí. Pero también hay otros medios. Uno de ellos es convirtiéndote en un residente legal del país. Eso lo puedes obtener después de que algún pariente cercano que es un ciudadano de Estados Unidos, te “pide” como familiar para que te otorguen la residencia permanente y gozar de los beneficios de pertenecer al país. Es lo que llaman obtener la Green Card, o tarjeta verde.
También se le puede otorgar un seguro social provisional a individuos con algún permiso especial para trabajar o a estudiantes extranjeros, y uno que otro caso extraordinario. Siempre queda decidido bajo la administración de dicho sistema del gobierno.
Entonces a los indocumentados que vienen en busca de trabajo, no queda más remedio que seguir infringiendo la ley. Primero al traspasar la frontera sin una visa adecuada y luego al tener que recurrir a la falsificación de documentos para con ello poder tener identidad. Una identidad tal vez robada, prestada o inventada. Es la única forma que se tiene para empezar a existir en los Estados Unidos.
The Ghost Identity, La Identidad del Fantasma, haciendo un poco alusión a la tan de moda saga del amnésico señor Bourne, es que nombro este capítulo. Una identidad que nadie ve es la verdadera; la que está detrás de una tarjeta con nombre falso. La realidad de muchos y la mía propia al tener que ocultar y convertir en un fantasma el nombre y apellido que nos dieran nuestros padres al nacer y pertenecer a una familia. Un fantasma que vive callado y escondido debajo de nuestras camas, o en el clóset, o en el ático. Un fantasma que poco a poco va perdiendo identidad en el olvido.
Todavía me pregunto que piensa mi padre por no usar más su nombre. Un nombre que me recuerda a veces a una mujer que ya casi no existe, pero que lucho día a día porque sobreviva en mi memoria y en lo que soy.
¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? ¿Porqué estamos aquí? Hay días que no tengo respuesta para ninguna de estas preguntas.
2 comentarios:
La verdad es que en cualquier país avanzado uno es un ciudadano anónimo a menos que tenga enchufe o, más raramente, se lo gane con su propio esfuerzo, tenga o no igualdad de oportunidades, porque la realidad es tozuda y demuestra que mientras unos medran al abrigo del Estado, los otros están condenados a mantener una vida sencilla.
A mí la vida sencilla no me disgusta. Puede ser mejor, incluso, y se tiene más tiempo para hacerse esas preguntas a las que ciudadanos ocupados en otras materias no tienen tiempo de responder. No creo que la gente humilde deba nunca renunciar a la escasa poesía que le queda a la humanidad.
Un saludo.
Pues sí, mi querido Samuel, así es la vida en cualquier país. Todos tratamos de encontrarnos de alguna forma; solo que a veces a unos les cuesta más que a otros.
Vivir ilegalmente en cualquier lugar es particularmente difícil, pero se sobrevive a pesar de todo.
Saludines, amigo.
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